"Cuando escucho a un dirigente político decir que los gobiernos no pueden dar lugar a la llamada “ideología de género”, siento la obligación de responder con claridad.
Lo primero que debemos decir es que
los derechos humanos no son una ideología. La igualdad no es una ideología. La
dignidad de las personas no es una ideología. El derecho a vivir sin violencia,
sin discriminación y con las mismas oportunidades tampoco lo es.
Lo que algunos llaman “ideología de
género” es, en realidad, una expresión utilizada para desacreditar décadas de
trabajo de organizaciones sociales, de profesionales, de organismos
internacionales y de los propios Estados en la construcción de políticas que
protegen a personas que históricamente fueron excluidas, y vulneradas.
Cuando un gobierno implementa
políticas para prevenir la violencia hacia las mujeres, cuando protege a niñas
y niños del abuso sexual, cuando combate el bullying, cuando garantiza que una
persona no sea discriminada por ser lesbiana, gay, bisexual, trans o
intersexual, no está imponiendo una ideología. Está cumpliendo con su
obligación de garantizar derechos para toda la ciudadanía.
La democracia no consiste en gobernar
únicamente para quienes piensan igual que uno. Gobernar significa representar a
toda la sociedad, incluyendo a las minorías, especialmente cuando esas minorías
han sufrido discriminación, violencia o exclusión.
Quienes hablan de “ideología de
género” suelen presentar una falsa elección entre derechos y valores. Pero los
derechos humanos son, precisamente, el mayor valor de una democracia. Nadie
pierde derechos porque otra persona los gane. Nadie deja de formar una familia
porque otra familia sea reconocida. Nadie ve amenazada su libertad porque otra
persona pueda vivir auténticamente.
Por eso, cuando defendemos políticas
públicas con perspectiva de género y diversidad, no estamos pidiendo
privilegios. Estamos pidiendo igualdad. Estamos defendiendo el derecho de cada
persona a vivir con dignidad, seguridad y respeto.
Y cuando hablamos del acceso a la
salud, tampoco estamos hablando de ideología. Estamos hablando de un derecho
humano fundamental. Todas las personas, independientemente de su orientación
sexual, identidad o expresión de género, tienen derecho a recibir una atención
sanitaria digna, respetuosa, libre de discriminación y basada en la evidencia
científica. Negar, obstaculizar o estigmatizar el acceso a la salud no solo
vulnera derechos individuales, sino que también profundiza las desigualdades y
pone vidas en riesgo. Un Estado responsable no puede permitir que alguien deje
de atenderse por miedo al rechazo, la humillación o el prejuicio. Garantizar el
acceso a la salud para todas las personas fortalece el sistema sanitario y
beneficia a toda la sociedad.
Los gobiernos tienen la
responsabilidad de construir sociedades más justas, no de decidir qué
ciudadanos merecen ser protegidos y cuáles no. Un Estado democrático no puede
ser neutral frente a la discriminación; debe actuar para prevenirla y combatirla.
La historia demuestra que cada avance
en derechos fue cuestionado. También se dijo que era una ideología reconocer el
voto de las mujeres, abolir la esclavitud o proteger los derechos de la
infancia. Hoy sabemos que esos avances fortalecieron nuestras democracias.
Yo sueño con un Uruguay donde ninguna
persona tenga que esconder quién es para sentirse segura; donde ningún niño o
niña sea agredido por ser diferente; donde ninguna madre tenga miedo por la
identidad de su hijo; y donde los representantes políticos utilicen su voz para
unir, no para dividir.
Porque los gobiernos no están para
imponer una forma de vivir. Están para garantizar que todas las personas puedan
vivir con los mismos derechos, la misma libertad y la misma dignidad.
Y esa no es una ideología. Es
democracia. Es justicia. Y, sobre todo, es humanidad"
Sandra Marisol Suarez Machado
Activista de los DDHH. Referente de los colectivos TBU y Rainbow Families. Actual Directora de Género y Diversidad de la Intendencia de Maldonado.


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